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La inversión efectiva por kilómetro en el AVE cae un 31% desde 2019: inflación y más tráfico tensionan la red

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(El Español)

La inversión efectiva por kilómetro para mantener la red de alta velocidad española ha caído un 31% desde 2019, según un análisis que relaciona esta caída con el incremento de pasajeros y el desgaste acelerado de las infraestructuras. El accidente de tren en Urda ha reabierto el debate sobre el esfuerzo inversor real en el AVE.

Un 31% menos de inversión real por kilómetro

La inversión efectiva por kilómetro para mantener la red de AVE ha caído un 31% desde 2019, según un análisis publicado por El Español a raíz del accidente de tren ocurrido en Urda, que ha provocado al menos 69 fallecidos. El dato refleja el impacto combinado de la inflación y del encarecimiento de los materiales, que han erosionado el poder adquisitivo de las partidas presupuestarias.

Aunque el presupuesto nominal aumenta, su valor real se reduce. Parte de los fondos se destina a reponer activos depreciados, y la mayor demanda de tráfico multiplica las necesidades de mantenimiento. El resultado es que la aportación efectiva a kilómetros útiles no sube, a pesar de que las cifras agregadas puedan parecer crecientes.

Las transferencias estatales a Adif Alta Velocidad, el gestor de la infraestructura, han quedado muy por debajo de lo comprometido. Según el análisis, solo han llegado aproximadamente al 46% de lo prometido, lo que reduce los recursos disponibles tanto para conservación como para nuevas inversiones.

El tráfico se duplica desde 2019 y acelera el desgaste

El número de pasajeros de alta velocidad casi se ha doblado desde 2019, pasando de 22 millones a más de 40 millones en 2024. La liberalización del sector y la entrada de nuevas operadoras han incrementado el número de trenes y la densidad de circulaciones, lo que eleva la fricción y la fatiga en raíles, catenarias y señalización.

Este aumento de tráfico acelera el desgaste de vías y equipos. La infraestructura, diseñada para un determinado nivel de uso, soporta ahora una presión mucho mayor, lo que incrementa las necesidades de mantenimiento y, a medio plazo, el riesgo de fallos. El análisis apunta a que la red puede sufrir más incidencias, riesgos de seguridad operativa y necesitará reparaciones más costosas en el futuro.

El accidente de Urda, ocurrido menos de diez meses después de la tragedia de Adamuz, ha vuelto a poner sobre la mesa las dudas sobre la inversión real que se realiza en las infraestructuras ferroviarias. Ambos siniestros reabren el debate sobre si el esfuerzo inversor se corresponde con el crecimiento de la demanda y el envejecimiento de los activos.

El debate sobre la seguridad y la inversión en la red

La caída de la inversión por kilómetro y el aumento del tráfico plantean interrogantes sobre la capacidad de la red para mantener los niveles de seguridad y fiabilidad. El análisis sostiene que la depreciación física exige más gasto de mantenimiento, mientras que la inflación reduce el poder adquisitivo de las partidas.

Las partidas destinadas a conservación se ven doblemente presionadas: por un lado, la subida de precios encarece los materiales y los trabajos; por otro, el mayor uso de las vías acelera su deterioro. El resultado es que el esfuerzo inversor real por kilómetro no solo no crece, sino que retrocede.

El caso de Adif Alta Velocidad, con transferencias que rondan el 46% de lo comprometido, ejemplifica la brecha entre las promesas presupuestarias y la ejecución efectiva. Esta situación reduce los recursos disponibles para conservación e inversión, en un momento en que la red soporta una presión creciente por el aumento de pasajeros y circulaciones.