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Del 0,16% al 4,9%: el ahorro tradicional pierde 452 euros por cada 10.000 y la banca no compensa

Fotografía que ilustra la noticia: Del 0,16% al 4,9%: el ahorro tradicional pierde 452 euros por cada 10.000 y la banca no compensa
(El Español)

La inflación española alcanzó el 4,9% en septiembre de 2026, su nivel más alto desde febrero de 2023, mientras la remuneración media de los depósitos a la vista sigue en el 0,16%. La diferencia entre lo que rinde el dinero guardado y lo que cuestan los precios equivale a una pérdida de poder adquisitivo de unos 452 euros anuales por cada 10.000 euros ahorrados, según un análisis publicado en El Español.

El coste real de la prudencia: 16 euros de intereses frente a 490 de inflación

El artículo, firmado por Pablo López, Country Manager de Trade Republic, ilustra con un ejemplo sencillo el efecto de la combinación entre inflación y tipos de depósito. Una persona con 10.000 euros en una cuenta remunerada al 0,16% obtendría apenas 16 euros de intereses en un año. Si los precios suben un 4,9% en ese mismo periodo, necesitaría 490 euros adicionales para comprar la misma cesta de bienes y servicios. El resultado es una pérdida aproximada de 452 euros de poder adquisitivo real, incluso con un saldo nominal mayor, y antes de descontar el efecto de los impuestos sobre los intereses.

La brecha no es un caso aislado. Según los datos del Banco de España citados en el texto, la remuneración de los depósitos a plazo tampoco cubre la inflación: la media de los nuevos depósitos a plazo se situó en el 2,02% en agosto, muy por debajo del 4,9% de septiembre. La conclusión del autor es rotunda: “El ladrón de nuestros ahorros ya no necesita entrar en casa: se llama inflación”.

La tasa de ahorro se dispara al 18,7% pero la mayor parte sigue en cuentas y depósitos

El ahorro de los hogares españoles sigue siendo elevado, pero su rentabilidad no acompañan. Según el INE, la tasa de ahorro alcanzó el 12% de la renta disponible durante 2025 y llegó al 18,7% en el segundo trimestre de 2026, frente al 19,9% del mismo trimestre del año anterior. El autor sostiene que una parte importante de esos recursos continúa destinada a productos bancarios tradicionales, especialmente cuentas y depósitos.

El texto no cuestiona la necesidad de contar con un colchón de emergencia ni la utilidad de la liquidez en momentos de incertidumbre. El problema, sostiene, es convertir la prudencia en una estrategia financiera para toda la vida. La clave, añade, es distinguir entre el dinero que se necesitará a corto plazo y el que está destinado a objetivos a diez, veinte o treinta años vista. En ese horizonte largo, mantener el capital inmovilizado en productos que no cubren la inflación puede ser “tan perjudicial como asumir riesgos excesivos”.

Los fondos crecen un 13% y los jóvenes toman la delantera

Algo, sin embargo, está empezando a cambiar. Según la CNMV, el patrimonio de los fondos de inversión españoles alcanzó casi 459.000 millones de euros al cierre de 2025, un crecimiento del 13% en un año. Las suscripciones netas sumaron 33.000 millones de euros y el número de inversores contabilizados por las gestoras alcanzó los 5,7 millones, aunque esta cifra puede incluir duplicidades entre entidades.

El impulso viene de las generaciones más jóvenes. Según BlackRock, el porcentaje de españoles de entre 25 y 34 años que invierten pasó del 27% al 32% entre 2022 y 2024, un crecimiento del 17% muy superior al de los mayores de 45 años. El artículo lo atribuye a dos factores: el encarecimiento de la vivienda y las dudas crecientes sobre la sostenibilidad de las pensiones públicas. Una generación que sabe que su futuro financiero dependerá cada vez más de sus propias decisiones, resume el autor, “empieza a ser más hormiga y menos cigarra”.

Del ahorro a la rentabilidad real: la asignatura pendiente

El artículo recuerda que invertir no es una promesa de rentabilidad: los mercados fluctúan, existen riesgos y es posible perder parte o la totalidad del capital invertido. Pero no invertir tampoco está exento de riesgos: cuando la inflación supera la remuneración obtenida, el poder adquisitivo disminuye, aunque el saldo de la cuenta permanezca intacto.

El autor propone cambiar la pregunta de fondo: no se trata de decidir entre ahorrar o invertir, sino de saber para qué se ahorra y cuándo se necesitará ese dinero. Un fondo de emergencia, la entrada de una vivienda y la jubilación requieren estrategias distintas, y es ahí donde debería incidir la educación financiera. La recomendación pasa por hablar de rentabilidad real, descontando la inflación, prestar tanta atención a las comisiones como a los rendimientos y enseñar desde edades tempranas el valor del tiempo, la diversificación y el interés compuesto. El artículo concluye que, en la España de hoy, guardar dinero ya no basta para proteger el futuro.