Niño Becerra: el decreto de vivienda solo será un 'parche' si no aumenta la oferta

El economista Santiago Niño Becerra ha cargado contra el decreto de vivienda anunciado por el Gobierno, conocido como 'decreto Maricarmen', al considerarlo un simple parche para calmar a la opinión pública. En su análisis, sostiene que el problema estructural de la vivienda en España no se resolverá mientras las políticas no se centren en aumentar la oferta disponible.
La oferta como única vía, según Niño Becerra
El economista Santiago Niño Becerra ha vuelto a pronunciarse sobre la crisis de vivienda en España, esta vez para valorar el decreto urgente que prepara el Gobierno ante el estallido social provocado por el desahucio de Maricarmen Abascal. En un mensaje difundido a través de sus redes sociales, el economista ha sido contundente: «La solución del problema de la vivienda pasa por aumentar la oferta», y ha añadido que «da igual de donde venga: reversión de pisos turísticos en residenciales, salida al mercado de viviendas vacías...».
Para Niño Becerra, el decreto anunciado por el Ejecutivo, conocido ya como 'decreto Maricarmen', no ataca la raíz del problema. A su juicio, si las decisiones políticas que se adopten no van encaminadas a incrementar la oferta de inmuebles disponibles para residencia habitual, «lo que se decrete o legisle serán parches para calmar a la opinión pública». El economista explica que la presión sobre los precios y la dificultad de acceso no se corregirán con medidas que no incidan directamente en el número de viviendas disponibles.
3,83 millones de viviendas vacías y un consumo mínimo
El economista sustenta su posición en datos concretos sobre el parque residencial español. Según sus cifras, «en España hay 3,83 millones de viviendas vacías». Define estas propiedades como «viviendas sin nadie empadronado y que apenas gastan luz», y estima que su consumo energético equivale a «menos de 15 días al año de una vivienda normal». Ese dato evidencia, a su juicio, la falta de uso efectivo de ese parque.
Para Niño Becerra, movilizar esas viviendas es una de las palancas inmediatas para inyectar oferta en el mercado sin necesidad de recurrir únicamente a nueva construcción. También menciona la reversión de pisos turísticos en residenciales como otra vía posible. La solución, insiste, «seguiría pasando obviamente por la construcción de nuevas viviendas».
El origen: los años 50 y el auge del alquiler turístico
Niño Becerra remonta el origen del problema actual a mediados del siglo pasado. «El problema, ya saben, arrancó en los Años 50», afirma. Según su lectura, durante unas tres décadas se incentivó la construcción de mucha vivienda de protección oficial, pero destinada a venta y con periodos de protección muy reducidos. Esa configuración impidió la creación de un parque público asequible a largo plazo, una herencia que arrastra el mercado actual.
El segundo factor determinante, apunta, llegó a partir de 2010 con la irrupción de la vivienda de uso turístico en las ciudades. El experto recuerda la publicidad que desde muchas instancias se hizo para que familias con dos viviendas dedicasen una al alquiler turístico con el fin de mejorar sus ingresos. La reproducción exponencial de ese proceso, sostiene, terminó por constituir uno de los problemas centrales de la actualidad, sobre todo en las grandes ciudades.
La conclusión del economista: no se ha hecho nada
Niño Becerra resume su argumentario con una conclusión tajante: «El problema de la vivienda existe porque no se ha hecho nada para que no exista». Esta sentencia condensa su visión sobre décadas de decisiones políticas que, en su opinión, han ignorado la necesidad de sostener una oferta suficiente y asequible.
Las declaraciones del economista llegan en plena tensión social por el acceso a la vivienda, con miles de españoles manifestándose en las calles y cientos de ellos acampando en plazas de varias ciudades. El Gobierno, junto a sus socios, ha trazado un plan para aprobar el decreto, pero Niño Becerra advierte de que, sin medidas que aumenten la oferta, será «perder el tiempo». En su opinión, el problema comenzó en los años 50 y no se ha corregido desde entonces.



