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España duplica su inflación desde el inicio de la guerra de Irán y se sitúa un 30% por encima de la media de la UE

Fotografía que ilustra la noticia: España duplica su inflación desde el inicio de la guerra de Irán y se sitúa un 30% por encima de la media de la UE
(El Español)

La inflación en España se ha duplicado desde el inicio de la guerra de Irán y ya se sitúa un 30% por encima de la media de la Unión Europea. Según los datos armonizados de Eurostat (HICP) publicados esta semana, el índice de precios escaló hasta el 5% en septiembre, desde el 2,5% registrado en febrero, por la presión de los combustibles, la retirada de ayudas públicas y el encarecimiento de los alimentos. El país se coloca a la cabeza de las subidas entre las grandes economías del continente.

Del 2,5% al 5%: la aceleración en siete meses

El índice de precios armonizado de la UE (HICP, por sus siglas en inglés) muestra una aceleración brusca de la inflación española en apenas siete meses. Si en febrero, antes del estallido del conflicto con Irán, el indicador se situaba en el 2,5%, en septiembre alcanzó el 5%, un incremento de 2,5 puntos porcentuales que deja el IPC español un 30% por encima de la media comunitaria.

El repunte coincide con el inicio de la guerra y sus efectos sobre el suministro energético. El encarecimiento de los combustibles ha sido el principal detonante de la escalada, pero no el único: la retirada progresiva de las ayudas públicas que se habían desplegado para contener los precios y la fuerte presión de los alimentos han amplificado el impacto, según los datos que maneja Eurostat.

La comparativa europea agrava la lectura para la economía española. Mientras el conjunto de los Veintisiete contiene la escalada de precios, España registra una de las subidas más intensas del continente, solo superada por los países más expuestos a la crisis energética.

Combustibles, alimentos y demanda interna: los tres frentes

El informe de Eurostat desglosa varias causas detrás de la escalada. La más evidente es el precio de los combustibles, que ha arrastrado el transporte y encarecido toda la cadena de suministro. Pero la presión no se limita al petróleo: el precio de los alimentos sigue sin dar tregua, con una inflación que no baja del 11% en productos básicos como huevos, hortalizas y frutas.

El contexto interno añade un factor diferencial. El elevado consumo de los hogares españoles, impulsado por la temporada turística, ha mantenido la demanda en niveles altos, lo que facilita que las subidas de costes se trasladen a los precios finales. La dependencia energética externa del país, con una factura exterior sensible a cualquier perturbación geopolítica, amplifica el efecto de la crisis global.

En conjunto, la combinación de una demanda robusta y una oferta encarecida explica que la inflación española crezca más que la de sus socios comunitarios, según los datos publicados. El sector turístico y el consumo interno actúan como aceleradores, mientras que la exposición a los mercados energéticos internacionales hace el resto.

Un desafío para hogares y para la política económica

La escalada del IPC tiene implicaciones directas para los bolsillos de los consumidores y para la agenda del Gobierno. El dato de septiembre supone un desafío para la política económica, que había confiado en la desescalada de los precios energéticos para consolidar la moderación inflacionista.

La retirada de las ayudas públicas, en un contexto de precios todavía elevados, deja a los hogares más expuestos a las subidas y reduce el margen de maniobra del Ejecutivo para aliviar la presión. Al mismo tiempo, la comparativa con Europa subraya la vulnerabilidad de la economía española ante perturbaciones externas, un factor que los inversores seguirán de cerca.

Mientras tanto, el Banco Central Europeo observa con atención los datos armonizados de los países miembros. El diferencial de inflación con la media de la UE podría influir en las decisiones de política monetaria, aunque el BCE fija sus tipos para el conjunto de la zona euro.