El biochar despega en España: la producción roza las 10.000 toneladas y atrae a nuevos inversores

El biochar, un carbón vegetal obtenido de residuos agrícolas, gana tracción en España. Con una producción anual inferior a 10.000 toneladas, muy lejos de las más de 200.000 que se generan en Europa, un puñado de empresas impulsa proyectos para escalar un material con aplicaciones en agricultura, construcción y créditos de CO2. El uso de huesos de aceituna en el asfaltado de calles de Barcelona ha puesto el foco en un sector que busca consolidarse.
Un mercado incipiente con margen de crecimiento
El biochar se obtiene mediante pirólisis, un proceso que calienta biomasa a altas temperaturas sin oxígeno. En España su producción real no supera las 10.000 toneladas anuales, una cifra muy inferior a la de países como Alemania, que lidera el mercado europeo con más de 200.000 toneladas. A pesar de ello, el interés inversor ha crecido en los últimos meses, con proyectos que van desde la pavimentación de calles en Barcelona con huesos de aceituna transformados en carbón vegetal hasta iniciativas para producir fertilizantes orgánicos.
Según fuentes del sector, el material tiene aplicaciones en agricultura, ganadería, industria, energía y construcción, y también se usa en el mercado de créditos de CO2. Su capacidad para secuestrar entre 2,5 y 3 toneladas de CO2 por tonelada, dependiendo de la materia prima, lo convierte en una herramienta atractiva para empresas obligadas a reducir su huella de carbono. Sin embargo, la falta de un mercado claro ha frenado su expansión hasta ahora, como explica José Antonio La Cal Herrera, ingeniero industrial y CEO de Bioliza.
"La tecnología de producción de biochar, la pirólisis, acaba de ser reconocida como una tecnología de remoción de carbono, junto con la captura de CO2", señala La Cal. "Es una tecnología que, aunque madura a nivel global, está poco extendida puesto que no existía un mercado claro para el biochar, más allá de carboneras o industrias que lo que hacían era carbón vegetal para barbacoas y poco más". La situación ha cambiado: "Hay compañías comprometidas u obligadas a reducir emisiones de CO2 y a reducir su huella de carbono, lo que sin duda alguna tirará también del mercado del biochar en los próximos años".
Empresas españolas que lideran el desarrollo
Un grupo reducido de empresas, que se cuentan con los dedos de una mano, ha tomado la delantera en la producción de biochar en España. Una de ellas es Carboliva, fundada en 2017 por la familia Espuny y ubicada en Puente del Obispo (Jaén), dentro de las instalaciones de Coosur-Acesur. La compañía convierte cada campaña entre 12.000 y 15.000 toneladas de hueso de aceituna limpio y seco o de orujo extractado (orujillo) en 6.000 a 8.000 kilos/hora de vapor para la extractora de aceites, produciendo a la vez entre 4.000 y 5.000 toneladas de biochar al año. Con estas cifras, Carboliva secuestra más de 10.000 toneladas de CO2 anuales y ha alcanzado una facturación de dos millones de euros.
En Hellín (Albacete), Maclean Biocarbon produce biochar a partir de cáscara de almendra, aprovechando la planta almendrera que la propia compañía tiene en su complejo industrial. Su capacidad de producción alcanza las 6,4 toneladas diarias, aunque no se aprovecha al 100% durante todo el año. La empresa destaca que esta actividad "permite optimizar recursos y fomentar una economía circular eficiente".
Otros proyectos en distintas fases de tramitación incluyen el de Euthenia Energy, que anunció hace cuatro meses el lanzamiento de la primera de tres grandes instalaciones de producción de biocarbón en Puente Genil (Córdoba); el de Carbón Emergente, cuyo informe ambiental fue publicado por el Gobierno de Cantabria en enero; y el de Biochar Norte, que espera alcanzar en Tineo (Asturias) una capacidad de unas 15.000 toneladas anuales, lo que daría un salto de escala a la producción española. También hay iniciativas como Carbonfields en Soria, Valogreene en varias localizaciones —incluida Puertollano (Ciudad Real)— y Sant Luis en Menorca.
Alianzas estratégicas y el impulso del biometano
El desarrollo del biochar en España no se limita a proyectos individuales. La joint venture Biochar del Sur, formada por Bioliza —una spin off de la Universidad de Jaén— y Pretium Renovables, de Laureano Parrilla, presidente de APPA Renovables, busca "desarrollar un porfolio de proyectos industriales en Andalucía aprovechando el elevado potencial de biomasa existente (agrícola, forestal y agroindustrial) para conseguir un producto de muy elevada calidad para ser usado como mejorante de suelos".
Además, el grupo operativo Biochargae agrupa a Fundación Ayesa, Volterra Ecosystems, G2G Algae Solutions, la Asociación de Investigación y Cooperación Industrial de Andalucía (AICIA), Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, la Cooperativa Productores del Campo y Pentanux. Trabajarán en el aprovechamiento de restos agrícolas —podas, cáscaras y otros subproductos vegetales— para producir biochar mediante pirólisis. "Este material se aplicará al suelo como enmienda agrícola por su capacidad para mejorar su estructura y fertilidad, aumentar la retención de agua y almacenar carbono de manera estable", señalan.
Otro vector que impulsará la producción es el biometano. Solo en Andalucía hay 71 proyectos de plantas de biometano en tramitación, de los cuales una decena está en fase avanzada, una ya inyecta a la red y otra ha iniciado producción. En toda España superan las 200 iniciativas. Estas plantas producen gas natural mediante digestión anaeróbica a partir de subproductos agroalimentarios, generando digestato como subproducto. Aunque el digestato se puede aplicar directamente a suelos agrícolas, no tiene la consideración de fertilizante. Sin embargo, sometido a calentamiento a 500 grados de forma controlada, se obtiene biochar, que sí se puede certificar como fertilizante. "Solo hay que instalar un horno de pirólisis anexo a la planta de biometano", indican fuentes del sector.
El Gobierno prepara un nuevo plan de fertilizantes que contempla alternativas orgánicas a los productos de síntesis, lo que abre una oportunidad para que el biochar entre en los cuadernos de campo de los agricultores.



