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El auge inversor de la IA supera ya a las burbujas de internet y del ferrocarril, según 'The Economist'

Fotografía que ilustra la noticia: El auge inversor de la IA supera ya a las burbujas de internet y del ferrocarril, según 'The Economist'
(Cinco Días)

El actual auge inversor ligado a la inteligencia artificial ha superado ya, medido en relación con el PIB, la suma de las burbujas de internet y del ferrocarril. Así lo recoge una columna de The Economist del pasado 30 de septiembre, citada por el gestor Hendrik Leber en un artículo de opinión publicado en Cinco Días, que advierte de que la euforia 'puede prolongarse, pero no elimina el riesgo'.

Récords mundiales en Bolsa, deuda y capital riesgo

El año ha registrado una sucesión de récords mundiales que ilustran la magnitud del fenómeno. Según la columna de The Economist citada por Leber, se han batido marcas en todos los frentes: la mayor salida a Bolsa, protagonizada por SpaceX; la mayor ampliación de capital de Google; la mayor ronda de financiación de capital riesgo, lograda por OpenAI; la mayor operación de deuda privada de Broadcom; la mayor emisión de bonos de la historia, firmada por Amazon, y la mayor financiación mediante bonos basura de SoftBank.

El listado continúa con otros hitos: el Vanguard S&P 500 ETF se ha convertido en el primero en superar el billón de dólares en activos; Berkshire Hathaway acumula la mayor reserva de efectivo empresarial; Nvidia ha anunciado el mayor programa de recompra de acciones, y operaciones corporativas de enorme envergadura, como el acuerdo de 110.000 millones de dólares entre Paramount y Warner Bros. Discovery, reflejan el apetito inversor.

Al mismo tiempo, surgen nuevos mercados, desde los de predicción hasta el de potencia de cálculo. La columna concluye que el auge inversor actual, medido en relación con el producto nacional bruto, supera incluso la suma de las burbujas de internet y del ferrocarril.

El problema: la distancia entre expectativas y resultados

Leber, gestor y autor del artículo, subraya que el problema no reside únicamente en el volumen de capital movilizado, sino en la distancia que puede abrirse entre las expectativas y los resultados. Como ejemplo cita el folleto de salida a Bolsa de Anthropic: sus ingresos se han multiplicado por 12, un crecimiento espectacular, pero la empresa también registra pérdidas de miles de millones y compromisos que ascienden a cientos de miles de millones.

A ello se suman unos tipos de interés de la deuda pública estadounidense situados en sus niveles más altos de las últimas dos décadas. El coste del dinero importa, especialmente cuando las valoraciones dependen de beneficios futuros todavía inciertos. Ante este panorama, The Economist advierte: 'Mejor seguir adelante mientras la máquina aún funcione'. La imagen recuerda al Titanic: la orquesta sigue tocando mientras el barco avanza hacia un desenlace cada vez más difícil de ignorar.

Señales de cambio de ciclo y riesgo de crisis

En una reciente mesa redonda de expertos, Leber defendió que la probabilidad de una crisis de los mercados de capitales a corto plazo alcanzaba el 95%. Se trata de una estimación de riesgo, no de una certeza, pero merece atención.

¿Qué señales podrían anticipar un cambio de ciclo? En primer lugar, que alguna de las grandes empresas de IA pierda el acceso a nueva financiación o sea incapaz de atender el pago de sus intereses. En segundo lugar, que los avances tecnológicos o la competencia china desencadenen una guerra de precios que destruya los márgenes empresariales.

También sería preocupante que las grandes compañías comenzaran a imponer límites de gasto explícitos y generalizados al uso de la inteligencia artificial; que los ingresos esperados resultaran insuficientes para cubrir los costes; que se cancelaran proyectos de gran envergadura o se anularan pedidos duplicados de chips. Y existe una señal especialmente reveladora: que las tasas de crecimiento continúen siendo positivas, pero empiecen a desacelerarse. Los mercados suelen reaccionar no solo ante el deterioro de los resultados, sino también cuando estos dejan de cumplir unas expectativas excesivamente ambiciosas.

La revisión al alza de beneficios, único sostén a corto plazo

Por ahora, sin embargo, hay un elemento que invita a no precipitarse. De cara al cuarto trimestre, los analistas están revisando al alza sus previsiones de beneficios, una circunstancia poco habitual. Mientras esta tendencia se mantenga, los mercados podrían conservar su impulso durante algunos meses más.

La conclusión es clara: la euforia puede prolongarse, pero no elimina el riesgo. En un entorno de inversiones récord, financiación abundante y expectativas extraordinarias, conviene distinguir entre crecimiento real y promesas de rentabilidad futura. La maquinaria todavía funciona; la cuestión es cuánto tiempo podrá hacerlo sin que los costes, la competencia y las exigencias de rentabilidad impongan sus límites.