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Ascó I y Cofrentes, en 2030: las siguientes reválidas nucleares tras el respiro de Almaraz

Fotografía que ilustra la noticia: Ascó I y Cofrentes, en 2030: las siguientes reválidas nucleares tras el respiro de Almaraz
(ABC)

La extensión de la vida útil de la central nuclear de Almaraz, confirmada ayer por el Gobierno, reabre el debate sobre el futuro de los otros cinco reactores que permanecen operativos en España. El Ejecutivo quiso mostrarse tajante al afirmar que esta prórroga no implica revisar el calendario de cierres, pero la atención se dirige ya a Cofrentes y Ascó I, cuyas licencias expiran en 2030.

El precedente de Almaraz y la negativa del Gobierno

El pasado jueves, el Gobierno anunció la prórroga de la vida útil de la central nuclear de Almaraz, una decisión que fue interpretada como un alivio para el sector y para las regiones que dependen de la actividad de la planta. Sin embargo, el Ejecutivo se apresuró a desmarcarse de cualquier lectura expansiva: fuentes gubernamentales insistieron en que esta medida es excepcional y no supone una revisión del calendario de cierre del resto de reactores.

La declaración, recogida por el diario ABC, busca contener las expectativas de las empresas propietarias y de los territorios afectados. A pesar de esa rotundidad, el anuncio ha abierto un debate que el Gobierno preferiría evitar: si Almaraz puede continuar, ¿por qué no los demás? La pregunta planea sobre un parque nuclear que, según el calendario vigente, debería quedar completamente clausurado en 2035.

Cofrentes y Ascó I: los siguientes en la lista, con plazo en 2030

Con la mirada puesta en el calendario, los siguientes reactores que deben superar su propia reválida son Cofrentes, en Valencia, y Ascó I, en Tarragona. Ambos tienen previsto el cierre en 2030, según el plan actual de apagado nuclear. Cofrentes, propiedad de Iberdrola, es el reactor con mayor potencia instalada de España y uno de los más relevantes para el suministro eléctrico del Levante.

Ascó I, también en Cataluña, está operado por la misma empresa y su futuro se cruza con la dinámica política regional. Junts per Catalunya ha mostrado interés en el devenir de las centrales catalanas, y no se descarta que la prórroga de Almaraz sirva de precedente para reclamar extensiones similares en la comunidad. El debate, por tanto, no es solo técnico: tiene una dimensión territorial y política de primer orden.

Un calendario de cierre que se resiste a morir

El plan de cierre nuclear aprobado por el Gobierno contempla el apagado escalonado de los siete reactores que estaban en operación. Tras el cierre de Vandellòs II en 2030 y el de Ascó II en 2032, los últimos en apagarse serían Trillo y Almaraz II, en 2035. Sin embargo, la prórroga de Almaraz I y II, cuya licencia vencía en 2027, ha roto la lógica de un calendario que parecía inamovible.

La decisión sobre Almaraz fue justificada por el Gobierno por razones de seguridad de suministro y precios, pero también evidenció el peso de los argumentos industriales y de empleo que defienden las empresas y los sindicatos. Esta misma combinación de factores podría repetirse cuando llegue el turno de Cofrentes y Ascó I, con la diferencia de que entonces el margen de decisión será aún más corto y la presión, mayor.

Implicaciones para la industria y el suministro eléctrico

La posible extensión de la vida de Cofrentes y Ascó I no es una cuestión menor para el sistema eléctrico español. Estos reactores aportan una generación constante y libre de emisiones que resulta clave en un contexto de despliegue masivo de renovables intermitentes. Su cierre, si se mantiene el calendario, obligaría a sustituir esa capacidad con ciclos combinados de gas o con importaciones, con el consiguiente impacto en los precios de la electricidad.

Para las empresas propietarias, la prórroga de Almaraz supone un balón de oxígeno financiero y operativo. Para los territorios que albergan las centrales, es una garantía de empleo y actividad económica. El Ejecutivo, no obstante, se mantiene firme en su negativa a revisar el calendario, aunque el precedente de Almaraz añade incertidumbre sobre la verdadera hoja de ruta del Gobierno en materia nuclear. La próxima cita está fijada para 2030, y entonces el debate será inevitable.