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El diésel apunta a los 2 euros en 2027: la escasez global de refinado presiona el bolsillo de transportistas y consumidores

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(El Español)

El mercado internacional del diésel afronta una tormenta perfecta. Entre los ataques a refinerías en Rusia y los daños sufridos por las instalaciones de los países del Golfo Pérsico, la capacidad mundial de producción de este combustible se ha reducido de forma drástica. El resultado, según advierten los analistas, es una presión alcista que podría llevar el precio del litro por encima de los 2 euros en 2027, un escenario que amenaza directamente el bolsillo de transportistas, autónomos y hogares, y que añade un nuevo componente inflacionista a la economía española.

Una capacidad de refinado bajo mínimos

La magnitud del problema se aprecia en las cifras. Hasta un 45% de la capacidad de refinado de Rusia está fuera de servicio, según los datos que manejan los operadores del mercado. No es un dato menor: Rusia es uno de los mayores exportadores mundiales de diésel, y su ausencia en el mercado deja un hueco que otros productores no logran cubrir.

Pero el problema no se limita a Rusia. Arabia Saudí, Kuwait, Irak, Irán, Qatar y Emiratos Árabes Unidos también han sufrido daños en sus infraestructuras de refinado. El Golfo Pérsico concentra una parte esencial de la capacidad mundial de producción de diésel, y cualquier interrupción en esa zona tiene un efecto inmediato sobre los precios globales.

La coincidencia de ambas crisis reduce de forma simultánea la oferta de los dos grandes bloques exportadores. El resultado es una escasez que los mercados ya están descontando, y que se traslada directamente a las cotizaciones internacionales del combustible.

El factor Ormuz y la incertidumbre geopolítica

El conflicto entre Estados Unidos e Irán añade un elemento adicional de tensión. La situación camina a enquistarse, según los analistas, y mantiene la incertidumbre sobre la apertura del estrecho de Ormuz, la ruta marítima por la que transita una parte sustancial del crudo y los productos refinados que se consumen en el mundo.

Cualquier interrupción del tráfico en Ormuz tendría un efecto inmediato y devastador sobre los precios de la energía. Pero incluso sin llegar a ese extremo, la mera amenaza de un cierre introduce una prima de riesgo que los operadores ya están incorporando a sus cálculos.

La combinación de daños físicos en las refinerías y la tensión geopolítica en la región más sensible del mapa energético mundial configura un escenario de oferta restringida que no tiene visos de resolverse en el corto plazo.

Impacto directo en la economía española

Para España, la advertencia llega en un momento delicado. El Gobierno acaba de aprobar una bajada de 20 céntimos en el impuesto al diésel, una medida que tardará unos días en ser efectiva en las gasolineras. Pero el alivio fiscal podría verse rápidamente compensado por la subida del precio del combustible en origen.

El diésel es el combustible que mueve la práctica totalidad del transporte de mercancías por carretera en España. Cualquier incremento sostenido de su precio se traslada de forma casi inmediata a los costes logísticos de las empresas, y de ahí a los precios finales que paga el consumidor.

El efecto sobre la inflación es el principal motivo de preocupación. Los analistas señalan que la presión alcista sobre el diésel podría trasladar los altos costes al consumidor final, con un impacto directo en la cadena de suministro. Para los transportistas autónomos, que operan con márgenes muy ajustados, un escenario de precios por encima de los 2 euros por litro supondría un golpe difícil de absorber sin revisar sus tarifas.

La demanda de diésel, por el momento, sigue alta. Pero la oferta se ve limitada por los daños, los sabotajes y las restricciones en infraestructuras clave. Esa combinación de demanda resistente y oferta menguante es la que sostiene la previsión de precios al alza para los próximos dos años.