El turismo español: 685.856 empresas y récord de visitas, ¿cuál es el límite?
España encara un año histórico para su turismo: se esperan 100 millones de visitas en 2026 y el sector, con 685.856 empresas, ya representa el 12,6% del PIB y cerca del 13% del empleo. Pero el éxito abre un debate sobre los límites físicos y sociales de un modelo que, según los expertos, debe apostar por la sostenibilidad y la desestacionalización.
Un motor económico con cifras récord
El sector turístico español, compuesto por 685.856 empresas de viajes, hospitalidad y ocio, se consolida como uno de los principales motores de la economía: aporta el 12,6% del PIB y casi el 13% del empleo. Las previsiones para 2026 apuntan a 100 millones de visitas, nunca antes alcanzadas, después de que en 2025 llegaran cerca de 97 millones de turistas internacionales que gastaron 134.700 millones de euros, máximo histórico. España es el segundo país más visitado del mundo y lidera el ranking de playas con bandera azul, con 677 en 2026, la mejor cifra desde 1987. Además, el país mantiene la segunda posición en el Travel & Tourism Development Index del Foro Económico Mundial.
Fortalezas y digitalización del sector
Las empresas turísticas españolas destacan por su liderazgo internacional, con marcas como Meliá, Barceló, RIU e Iberostar operando en decenas de países. El sector ha avanzado en digitalización, aunque aún hay margen de mejora en pymes como restaurantes y alojamientos rurales. La Plataforma Inteligente de Destinos (PID) de Segittur, dependiente del Ministerio de Industria y Turismo, permite a 600 destinos compartir datos en tiempo real para una mejor planificación. Expertos como Óscar Perelli, de Exceltur, subrayan la fidelidad del visitante y la solidez de la marca España, mientras que Enrique Martínez Marín, de Segittur, destaca el esfuerzo inversor en digitalización. Madrid, además, acogerá la sede del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), que se traslada desde Londres.
Los desafíos: saturación, clima y vivienda
El crecimiento sostenido también genera tensiones. El riesgo de saturación en destinos como los archipiélagos, Málaga o Barcelona ha alimentado protestas ciudadanas y el concepto de “turismofobia”. Para aliviarlo, administraciones y expertos abogan por redistribuir flujos y alargar temporadas a otoño y primavera. La dependencia del clima es otro reto: el aumento de temperaturas, la sequía o la erosión costera amenazan el principal activo turístico. A ello se suma la necesidad de mejorar la sostenibilidad, especialmente en la gestión del agua y la reducción de emisiones del transporte aéreo y marítimo. Óscar Perelli advierte también sobre la conversión masiva de viviendas en alojamientos turísticos, que tensa el mercado inmobiliario. Empresarios como David Hernández, de Pangea, y Miquel Vila, de Nomading Camp, coinciden en que el futuro pasa por “poner límites de plazas” y fomentar la desestacionalización.
